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Nuestro país recorre su décimo año consecutivo de crecimiento económico. Los objetivos políticos y económicos, así como los desafíos que se renuevan y siempre vamos enfrentando se enmarcan en un paradigma de gestión que prioriza la producción, inversión, el empleo, inclusión social y el consumo en el mercado interno.
Asistimos a cambios estructurales en el contexto mundial. Coexisten en él severos problemas en las economías centrales con una gran oportunidad para países como la Argentina. Los elevados precios de los alimentos, minerales y energía se conjugan con una elevada demanda por parte de países como China, India y poderosas economías del sudeste asiático.
Tenemos la oportunidad y la necesidad de responder a estos cambios profundizando la industrialización y sentando las bases para el desarrollo sustentable. Nuestra producción debe incorporar mayor valor agregado, más empleo genuino y de calidad, mayor innovación, tecnología y conocimiento.
Ello requiere avanzar en una agenda de competitividad sistémica, que más allá del nivel del tipo de cambio (gran impulsor de la primera etapa de reindustrialización post-2003), permita dar saltos de productividad en un conjunto de actividades económicas. Sin tecnicismos, la competitividad la debemos pensar, más que como un fin, como un medio para mejorar la calidad de vida de la gente.
La hora de la sintonía fina
Cuando nuestra presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, plantea la necesidad de gestionar (en todos los órdenes de gobierno) bajo la óptica de sintonía fina, nos convoca a pensar estos desafíos sobre la base de la planificación estratégica. Ello debe orientar la búsqueda de respuestas concretas que permitan ir removiendo obstáculos que siempre aparecen en las distintas actividades económicas luego de un ciclo de crecimiento como el nuestro.
El lanzamiento hacia fines del año anterior del Plan Estratégico Industrial 2020 y el Plan Agroalimentario 2020 son ejemplos de lo anterior. Objetivos cuantitativos y políticas concretas en once cadenas productivas predominantes de la estructura agroindustrial, para promover más inversiones, más puestos de trabajo y sustituir el 45% de las compras al exterior en los próximos años.
Como responsable del Banco Provincia de Buenos Aires, una de las instituciones financieras públicas más grandes de nuestro país junto al Banco de la Nación Argentina, nuestro rol en esta etapa no es otro que poner el financiamiento y crédito al servicio de la economía real.
La orientación y el rol de nuestro Banco Provincia han sido definidos de manera muy clara al inicio de la gestión por parte del gobernador Daniel Scioli: transformarnos en una palanca crediticia y de financiamiento eficaz al servicio de la producción, la inversión y el empleo de las pymes. Brindando además servicios financieros eficientes para todas las familias de Buenos Aires, haciendo de la bancarización una verdadera política de inclusión social.
El Banco Provincia acaba de presentar un análisis de 16 cadenas de valor estratégicas en la provincia de Buenos Aires. Tuvimos la oportunidad de debatir con destacados académicos, funcionarios de primer nivel (nacionales y provinciales), empresarios grandes y pymes la importancia que tiene este tipo de instrumento para el diseño de políticas para el financiamiento del desarrollo.
Desgranamos el motor productivo de la Argentina, que es la estructura productiva y de servicios de Buenos Aires, en 16 cadenas agrupadas en Agrícolas (soja, trigo, maíz, girasol, cebada), Pecuarias (bovinos, lácteos, porcinos, aves), Industriales (construcción, petroquímica, metales, plástico, automotriz, textil y cuero) y Servicios (turismo, comunicaciones).
Éstas generan $ 165.000 millones de valor agregado, dos tercios del PBG (excluyendo al sector público), el 25% del empleo (cerca de 1,3 millón de puestos de trabajo) y el 90% de las exportaciones provinciales.
Hemos logrado tener un tablero de análisis para diseñar instrumentos de financiamiento acorde con las especificidades y necesidades de cada cluster productivo. Junto al Plan Estratégico Productivo del Ministerio de la Producción, y articulando con la Nación, la provincia y los municipios participaremos de los desafíos que supone trabajar por el desarrollo sustentable.
La importancia de la planificación estratégica en nuestra provincia queda de manifiesto si recordamos algunas pocas cifras: somos a nivel país el 50% del tejido industrial, más del 50% del sector automotor, el 40% del metalmecánico, el 65% de la refinación de petróleo y el 60% de la producción de químicos. Además de tener un protagonismo excluyente en el sector de agroalimentos, Buenos Aires es la provincia con la mayor producción agrícola tanto en maíz, girasol, trigo, cebada y soja, con más de un tercio de la producción total. Se procesa también el 54% de la harina de trigo y se produce el 67% del aceite de girasol.
Industrializar la ruralidad
A la estrategia de regionalización le estamos dando políticas concretas de acción. Este tipo de planes estratégicos que analizan cadena por cadena, eslabón por eslabón y empresa por empresa en cada complejo productivo ayudará a amalgamar un interior rural de la provincia, con mucho territorio y poca población, con un conurbano industrial, con mucha población en poca superficie.
Esta síntesis es industrializar la ruralidad, darles más valor agregado a las materias primas produciendo cada vez más alimentos elaborados. Esto nos ayudará a sembrar de oportunidades el interior, creando más empleo de calidad y mayores ingresos para evitar el despoblamiento del campo y ciudades pequeñas. La provincia de Buenos Aires está llamada a transformarse en una plataforma proveedora de alimentos de primer nivel en la cadena agroalimentaria mundial.
El trabajo de sentar las bases para el desarrollo es una construcción colectiva. Donde no existe espacio para falsas antinomias. Requerimos del campo y la industria, de los bienes y servicios, de los recursos naturales y del conocimiento, del Estado y del mercado. Todos se necesitan mancomunadamente si queremos dar saltos estratégicos en el camino virtuoso del desarrollo, con inversiones, con valor agregado, empleo y exportaciones.
Nuestra respuesta concreta de sintonía fina, además de trabajar para tener diagnósticos estratégicos, es una reciente línea de crédito para cadenas de valor, con un monto global de 50 millones de pesos a tasas de interés preferenciales.
Seremos un «socio de valor» en cada cadena, a partir de la elaboración de convenios con las principales agroindustrias y cadenas industriales y de servicios de nuestra provincia.
A través de un trípode estratégico entre el banco, una empresa núcleo en la cadena y el conjunto de pymes asociadas, fomentaremos el trabajo en red para vincular más pymes al crédito, llegar a nuevas regiones, ofrecer más servicios financieros y, fundamentalmente, plantear instrumentos crediticios según las necesidades específicas de cada cadena.
El horizonte es promisorio, ya que la reciente reforma de la Carta Orgánica del Banco Central plantea como uno de los nuevos ejes de la regulación promover y orientar el crédito productivo y favorecer el financiamiento a mediano y largo plazo. Seguramente, el trabajo conjunto de los bancos y el Banco Central ofrecerá mayores oportunidades para destrabar el apalancamiento de las empresas utilizando más crédito bancario y llevar adelante proyectos de inversión de mayor escala para ampliar la producción, la oferta de bienes y servicios y la creación de puestos de trabajo.

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La modificación de la Carta Orgánica del Banco Central recupera una herramienta clave para el desarrollo de la economía argentina.
La Argentina ha plasmado a partir de 2003 un modelo de crecimiento económico que recupera de manera autónoma el manejo de las principales variables macroeconómicas. La política de desendeudamiento gracias a la acumulación de reservas, la flotación administrada del tipo de cambio y la recuperación de los fondos previsionales han sido ejemplos de instrumentos activos para financiar el crecimiento con ahorro interno, poner eje en lo productivo y la inversión, y ensanchar el mercado de consumo interno sobre la base de la recuperación de los salarios.
La flamante Ley, que reforma la Carta Orgánica del Banco Central y la Ley de Convertibilidad, representa un nuevo cambio estructural, en la que la autoridad monetaria recupera herramientas fundamentales para el desarrollo, y pone mucho más en sintonía las misiones y funciones de la entidad con la orientación de la política económica llevada adelante por el Gobierno Nacional.
Un mandato múltiple -donde la estabilidad monetaria ahora se conjuga con estabilidad financiera junto a objetivos de actividad económica y empleo-, mayores posibilidades para financiar al Tesoro Nacional y un rol mucho más activo en materia crediticia convierten al Banco Central en un actor clave para que el Estado Nacional lleve adelante con mayor autonomía y coordinación de objetivos una estrategia de desarrollo económico que atienda el bienestar de sus ciudadanos.
Asistimos en estas semanas a un debate sesgado hacia falsas dicotomías, tironeando la discusión sobre el rol de los Bancos Centrales desde situaciones que no responden al actual curso económico. La reforma propuesta no tiene nada que ver con un retorno a los 80, con descontrol monetario e hiperinflación, tal como agitan algunas voces críticas.
Tampoco, por supuesto, el cambio planteado en el arreglo institucional con respecto al rol del Banco Central será una solución mágica para los dilemas que enfrenta el actual ciclo de crecimiento, ni el salvoconducto para la reaparición en lo inmediato de un mercado de crédito en moneda doméstica a mediano y largo plazo. Peor aún resulta caer en el simplismo de reducir el debate a un “prejuzgamiento de mala praxis”, a propósito de la ampliación de las facultades y de los nuevos instrumentos en poder del Banco Central.
UN CAMBIO OPORTUNO
Sin duda, resulta oportuno y representa un avance aggiornar la actual regulación, y permitir guiar el campo de acción del Banco Central y su rol en la economía de acuerdo con las problemáticas cambiantes y dinámicas que se van enfrentando en un mundo muy convulsionado.
En este sentido, es un avance salir de conceptos perimidos como “las reservas de libre disponibilidad” (concepción inexistente en la mayoría de los países, ya que carece de sustento bajo un régimen de flotación de la moneda). Flexibilizar este concepto de ninguna manera conduce “automáticamente”, como muchos pretenden instalar, a una pérdida de respaldo de la moneda y debilidad de la demanda de pesos.
El involucramiento de los Bancos Centrales en la regulación de pautas generales para la orientación productiva de los recursos de los bancos (ya sean públicos o privados), así como en la fijación de niveles referenciales para las tasas de interés en determinadas operaciones activas, se reconocen en la actualidad en Bancos Centrales de países como Brasil, la India, Colombia, Perú, Venezuela, Ecuador, entre otros.
La realidad también marca la oportunidad de perfeccionar la Carta Orgánica, para dotar al Banco Central de mayores instrumentos y márgenes de acción en un contexto de amenazas crecientes, producto de un mundo inestable, que aún despliega una crisis financiera y real no resuelta.
Dado lo anterior, luce apropiado contar con mayor margen para disponer del uso de reservas, que amortigüen shocks externos y eludan la necesidad de una apertura inconveniente de la cuenta capital vía endeudamiento externo. Asimismo, disponer de la facilidad de ejecutar políticas anticíclicas, vía un apoyo excepcional al Tesoro Nacional frente a un shock que golpee sus recursos, es un elemento amortiguador para no castigar la demanda interna abruptamente, con ajustes recesivos sobre el empleo y los salarios.
Con el actual nivel de reservas internacionales, ambos objetivos estabilizadores son perfectamente compatibles, con un adecuado respaldo de nuestra moneda, con la preservación del poder de fuego necesario en el Banco Central para evitar oscilaciones bruscas en el valor del peso y con el resguardo de los depósitos en dólares frente a cualquier episodio de estrés.
LA ORIENTACIÓN PRODUCTIVA DEL CRÉDITO
Pero a nuestro juicio, el elemento más alentador y audaz de la reforma reside en el protagonismo que puede tomar la autoridad monetaria en transformar al sistema financiero en un promotor de la producción y la inversión.
Con nuevos incentivos y apoyo directo a los bancos, se generan por primera vez en mucho tiempo condiciones propicias para transformar la estructura del crédito, haciéndola funcional con el actual esquema de crecimiento.
Lo que está en juego es el objetivo de recrear un sistema financiero que vuelva a ganar tamaño (como lo viene haciendo paulatinamente desde 2004), pero que lo haga con sustentabilidad, tanto para el propio sector (esto ayuda al objetivo de estabilidad financiera) como para la economía en su conjunto.
Entonces, un desarrollo crediticio sostenible sólo se puede concebir si va de la mano de la orientación del financiamiento hacia aquellos sectores cuya expansión refuerza la viabilidad del modelo económico.
Concretamente, debería privilegiarse la expansión del crédito hacia sectores transables, sustitutivos de importaciones, aquéllos que resulten mano de obra intensivos para preservar el consumo en el mercado interno, así como hacia la innovación y el conocimiento aplicado en nuevos procesos productivos. Rápidamente, surge que el entramado PyME de nuestra estructura productiva cumple con muchos de estos objetivos y requiere de mayor apoyo en materia de financiamiento de la inversión.
Cuidar lo alcanzado en estos últimos nueve años requiere consolidar un crecimiento económico sostenido en la competitividad. Un salto competitivo que descanse en el aumento de la productividad necesita (entre otros aspectos) de un sistema financiero más profundo y orientado a la producción y la inversión.
Como permanentemente destaca la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, las entidades financieras debemos ser una palanca efectiva al servicio de la economía real. En la misma dirección, en la provincia de Buenos Aires, el gobernador Daniel Scioli nos encomienda permanentemente poner la banca pública al servicio de la producción, el empleo y la inclusión de los microemprendedores.
Esta reforma nos abre un campo promisorio, especialmente a las entidades públicas con mucho arraigo en el sector PyME y con una cartera activa más volcada al sector productivo, a la vez que nos compromete a ser vehículos eficientes para canalizar financiamiento al sector privado.
El compromiso de nuestro Banco Provincia con la dirección de estos cambios, en materia de regulación y orientación del crédito, es ineludible, en tanto somos una banca PyME y de fomento a la producción y empleo. Nuestra estructura productiva enfrenta desafíos, ya que muchos sectores operan al límite de sus capacidades. Desde la banca pública, estamos cada vez más presentes para fortalecer el financiamiento al capital de trabajo y la inversión en pos de ayudar a diversificar nuestra matriz productiva.
Con nuevos instrumentos, incentivos apropiados y mayor involucramiento del Banco Central, los bancos podremos trabajar para dinamizar el crédito productivo a mediano y largo plazo, por cuanto contaremos con más posibilidades para reducir los descalces de plazo y tasa de interés que habitualmente limitan un mayor apalancamiento de las empresas utilizando el crédito bancario, lo que les impide llevar adelante proyectos de inversión de mayor escala e impacto en la ampliación de la producción y creación de puestos de trabajo de calidad.
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Después de mucho tiempo, la Argentina se encamina a una década de desarrollo económico virtuoso sin restricciones externas y con ahorro propio para financiar el crecimiento. La demanda del mercado interno, sostenida por la recuperación de los salarios, y las buenas perspectivas de demanda externa, especialmente en agroalimentos, exigen seguir invirtiendo y aumentar la productividad.
El compromiso del Banco Provincia con este camino de crecimiento es ineludible porque está vinculado a nuestros 190 años de vida, a nuestro rol de banca pública y a los lineamientos de gestión que nos marcó el gobernador Scioli desde el inicio mismo de su gestión.
Hoy hay sectores, la industria manufacturera es uno de ellos, que operan al límite de capacidad instalada y necesitan nuevas inversiones para ampliar su producción y sustituir componentes y bienes importados.
Resulta más eficiente que este salto inversor descanse en mayor medida en el acceso al crédito y menos en la disponibilidad de recursos propios de las empresas, que buscan incrementar su rentabilidad como vía sustitutiva del acceso al financiamiento.
A diferencia de lo ocurre en otros lugares del mundo, en la Argentina actual existe una situación de mutua complementación entre el sector financiero y el productivo: los bancos tienen mucho margen para crecer en su exposición al sector privado (el crédito a empresas sólo ronda el 7% del PBI), están líquidos y con carteras sanas y, por su parte, las empresas muestran muy bajos niveles de endeudamiento con el sistema financiero y tienen proyectos rentables para expandir la capacidad de producción.
Por primera vez en muchos años el crédito al sector productivo para empresas crece más que el destinado a consumo.
Desde el Banco Provincia estamos liderando este incremento, destinando el 70% de nuestro financiamiento a las pequeñas y medianas empresas y el 30% a las familias.
Durante el primer bimestre de 2012 otorgamos un 50% más de créditos que en el mismo período de 2011 y hace apenas unos días, durante la inauguración de ExpoAgro, presentamos una línea de créditos de 1.000 millones de pesos a tasa subsidiada por el Gobierno Nacional y el de la Provincia.
Desde la banca pública trabajamos para seguir mejorando nuestra estructura de fondeo y así poder apalancar en mejores condiciones el crédito productivo. Somos optimistas respecto del fortalecimiento del vínculo entre financiamiento y actividad económica, para que la banca esté al servicio de la producción y el empleo.
Durante 2011 otorgamos más 21.000 millones de pesos en créditos, un 115% más que en 2010. Pero no sólo se trata de prestar más, sino también de prestar mejor, financiando a aquellas empresas que tienen un efecto multiplicador en la economía, que generan cadenas de valor y mayores puestos de trabajo.
Seguir alentando la inversión resulta crucial para generar más inclusión a partir de empleo de mejor calidad. Además, una mayor oferta de bienes y servicios, quita presión sobre los precios, especialmente en el sector transable, y protege el poder de compra de los trabajadores.
Pero además, la inversión bien orientada ayudará a diversificar la matriz productiva, ampliar la canasta exportadora, especialmente en las MOI, y sustituir importaciones. Con esos objetivos, el Banco Provincia es hoy una institución financiera al servicio de la economía real, en inmejorables condiciones para encarar con optimismo la segunda etapa del cambio que estamos llevando adelante en la provincia de Buenos Aires.

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03/03/2012 Clarín - Nota - Sup. Rural - Pag. 32
Industrializar la ruralidad
El autor de este artículo destaca el rol estratégico de Expoagro, la mayor exposición agropecuaria a campo del país, que comienza el martes en Junín. Dice que la feria es una oportunidad para ver y palpar la síntesis de la amalgama virtuosa entre el campo y la ciudad. Y agrega que el financiamiento será fundamental para que la agroindustria siga creciendo. Lic.Gustavo Marangoni PRESIDENTE DEL BANCO PROVINCIA DE BUENOS AIRES DIEGO GIUDICE / BLOOMBERG Inversiones. La infraestructura agroindustrial puede multiplicarse con un trabajo conjunto del sector público y privado. El camino de crecimiento ininterrumpido que comenzó hace más de ocho años ha profundizado un modelo donde producción, empleo, consumo y valor agregado son ejes fundamentales en la priorización de objetivos políticos y económicos. El protagonismo del sector agropecuario y de la industria en nuestra provincia de Buenos Aires son el reflejo de este dinamismo económico en el plano interno que se conjuga con las oportunidades que la globalización le brinda a nuestro sistema productivo. Hoy la agenda de políticas públicas para el desarrollo prioriza la síntesis de actores y sectores que durante mucho tiempo solo eran falsas antinomias que paralizaban el crecimiento. Actualmente campo e industria, pueblos y ciudades, recursos naturales y conocimiento, sector privado y sector público se necesitan mancomunados e integrados estratégicamente para que todo el complejo de la agroindustria de saltos de calidad e ingrese en un circulo virtuoso de inversiones, valor agregado, empleo y exportaciones de mayor valor. Una vez más Expoagro 2012 representa la oportunidad de ver y palpar la síntesis de esta amalgama virtuosa entre el campo y la industria, entre los pueblos y las ciudades, entre los instrumentos de apoyo del sector público y el empuje y vocación emprendedora del sector privado. Nuestra Presidenta Cristina Fernández de Kirchner viene señalando enfáticamente esta visión, cuando promueve el Plan Estratégico Agroalimentario y Agroindustrial 2020; también cuando sintetiza este plan con el concepto de industrializar la ruralidad. Desde el gobierno de la provincia de Buenos Aires adherimos absolutamente a esta mirada y los que gestionamos herramientas de política pública tenemos instrucciones precisas del gobernador Scioli de trabajar permanentemente para agregar valor > Un dúo perfecto Expoagro muestra el proceso virtuoso de la vocación emprendedora e industrializar en origen la diversidad de materias primas que provee nuestro suelo. Somos la provincia protagonista en este desafío y tenemos un instrumento clave como el Banco Provincia de Buenos Aires, cuya vocación para trabajar codo a codo con el sector agropecuario se demuestra con hechos concretos. En el año 2011 colocamos 4.500 millones de pesos en créditos al sector, un 47% más que en 2010. Más de 1.000 millones de pesos fueron líneas con subsidio de tasa de interés, que trabajamos con la ayuda del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación. Vamos a apoyar esta nueva muestra Expoagro 2012 y a poner a disposición del productor bonaerense y de las Pymes agroindustriales un amplio abanico de alternativas de financiamiento: para evolución, capital de trabajo, inversión, acceso preferencial a la compra de insumos y de hacienda con la tarjeta Procampo. También líneas de crédito específicas destinadas a la producción de trigo, maíz, girasol, carnes, leche y adquisición de maquinaria e implementos agrícolas. A partir de este año 2012, el Banco Provincia pondrá especial énfasis en la orientación del crédito hacia lo productivo, para promover con financiamiento la integración de nuestro aparato productivo, permitiendo articular eslabones en las principales cadenas de valor. Debemos pasar de ser un proveedor competitivo de materias primas a ser un gran proveedor mundial de alimentos, posicionándonos cada vez mejor en la cadena agroindustrial mundial. Con este enfoque, y con el trabajo conjunto entre nuestro Banco Provincia y demás actores del financiamiento Nacional, queremos recorrer un sendero de mayor valor agregado, más empleo, mejores remuneraciones y más incentivos concretos en materia de bienestar para promover el arraigo en nuestras localidades del interior y un mayor equilibrio entre regiones. Esto es ni más ni menos la importancia de trabajar para industrializar la ruralidad. DIEGO GIUDICE / BLOOMBERG Inversiones. La infraestructura agroindustrial puede multiplicarse con un trabajo conjunto del sector público y privado.

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El arranque de 2012 coincide con la normalización del sistema financiero, luego de la minitensión en el mercado cambiario surgida entre octubre y noviembre de 2011. El efecto más nocivo de este nerviosismo especulativo, sin razones justificadas en los fundamentos macroeconómicos, fue una abrupta suba de las tasas de interés, tanto pasivas como activas. La perdurabilidad de un escenario de tasas de interés pasivas por encima del 20 por ciento anual amenazaba con estrangular el crecimiento virtuoso del crédito al sector privado, especialmente para las empresas. Afortunadamente, la salida de depósitos en dólares se detuvo, la presión compradora fue cediendo, los depósitos en pesos volvieron a crecer con fuerza (especialmente los plazos fijos) y comenzó a recomponerse la liquidez de las entidades, lo que motoriza la baja de las tasas de interés. El camino descendente –desde los picos de noviembre, cuando la Badlar se llegó a operar al 25 por ciento anual–, fue liderado por la banca pública y cooperativa, siendo nuestro Banco Provincia un actor fundamental por ser el segundo banco del sistema. La coordinación entre los principales bancos del sistema financiero impulsada por el BCRA permitió en primer lugar que los bancos públicos pusiéramos en práctica el verdadero rol de banca testigo respecto de la baja de tasas de interés. Luego, este comportamiento fue seguido por el resto de los bancos del sistema. Desde mediados de diciembre la tasa de depósitos a plazo fijo viene cayendo sistemáticamente para situarse en la actualidad en el 16,5 por ciento anual (promedio del sistema para plazos fijos mayoristas). La caída de más de seis puntos en esta tasa, que aún requiere ceder algunos escalones más, está posibilitando ofrecer nuevamente tasas activas para los créditos más acordes con las necesidades de las familias y empresas. Particularmente, el descuento de documentos y los adelantos en cuenta corriente, líneas muy utilizadas por las pymes en su giro de negocios, ya muestran un descenso de las tasas de interés que se debería profundizar conforme siga la caída del costo del fondeo. Contexto propicio para un sistema financiero más profundo. Los bancos tenemos el desafío de aumentar los niveles de intermediación, sobre bases sanas como lo venimos haciendo, profundizando el crédito productivo. Contamos como plataforma con una política monetaria (desplegada desde el BCRA) que promueve la estabilidad financiera, el crecimiento sostenido y la generación de empleo. Proyectamos un 2012 con una expansión del crédito al sector privado por encima del 30 por ciento anual, lo que permite seguir aumentando la importancia de los bancos y el financiamiento en la economía real. En el año que culminó hemos volcado en nuevos créditos alrededor de 21.000 millones de pesos, destinando 80 por ciento a las empresas, especialmente pymes, que son la base de nuestros clientes. Desde el Banco Provincia, siguiendo los lineamientos del gobernador Daniel Scioli, seguiremos coordinando con el resto de los actores relevantes en el financiamiento (BNA, Anses, BICE), para aprovechar al máximo las oportunidades que se presenten tendientes a aumentar la capacidad productiva de nuestra economía y mejorar la competitividad de muchos sectores. Estamos en una fase del crecimiento económico, tanto a nivel nacional como de la provincia de Buenos Aires, cuya sustentabilidad requiere profundizar la sustitución de importaciones, agregar valor a muchas cadenas productivas y promover la inversión en sectores demandantes de empleo. Sin perder de vista la expansión del mercado interno a partir del consumo y el salario. Este será el norte de nuestra gestión a la hora de diseñar las políticas crediticias y los instrumentos concretos de apoyo al sector productivo. Superados los ruidos coyunturales, y nuevamente con un panorama de tasas de interés en baja, depósitos en pesos creciendo a muy buen ritmo y un sendero de flotación del peso administrado por el BCRA (que acota las expectativas devaluatorias), los bancos tenemos el camino propicio para intermediar el ahorro doméstico a tasas de interés compatibles con el aumento sostenido de la inversión y el consumo
* Presidente del Banco Provincia de Buenos Aires.

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El flamante presidente del Banco Provincia anticipa en esta columna los principales ejes de su futura gestión. Gustavo Marangoni PRESIDENTE DEL BANCO PROVINCIA DE BUENOS AIRES
La banca pública es el instrumento financiero por excelencia para la producción y el empleo. Y el Banco Provincia es un instrumento financiero fundamental al servicio de las pymes, brindando una amplia gama de servicios para bancarizar a los habitantes de la provincia. Con más de $40.000 millones colocados en créditos durante 2008-2011 la producción e inversión tuvo un motor fundamental. El consumo y empleo han sido acompañados con el empuje de más de un millón de créditos personales y un parque de tarjetas de crédito que supera el millón y medio de plásticos. Ampliamos el concepto de banca inclusiva otorgando 22.000 microcréditos para emprendedores desplazados del circuito crediticio formal. Apoyamos a los municipios financiando obras de infraestructura y volvimos a estar presente en el mercado de crédito hipotecario con más de $800 millones prestados en 2011. Redoblaremos esfuerzos para trabajar siguiendo las líneas de acción trazadas por el gobernador Daniel Scioli. Cada acción, instrumento o nuevo servicio que brindemos deben tener un impacto concreto en el campo productivo y real de la economía, en el empleo y fundamentalmente tienen que promover la inclusión social. Como un banco público masivo que somos (primeros en la Provincia y segundo en todo el sistema financiero nacional), tenemos que hacer fomento con apoyo crediticio a sectores productivos y sociales tradicionalmente postergados por la banca privada. También debemos ser líderes en la fijación de tasas de interés y comisiones competitivas para inducir al resto de las entidades en este sendero. Armonizaremos con el mejor equilibrio posible la rentabilidad social de las acciones de banca pública –empleo, valor agregado, equilibrio territorial, bienestar social–, con la rentabilidad económico- financiera que proviene de segmentos de negocios y operaciones donde competimos palmo a palmo con la banca privada. Somos conscientes de que entramos en una etapa donde el gran desafío para consolidar un marco de crecimiento económico sostenido es la competitividad. Requerimos de un salto en la competitividad que no descanse solo en el factor cambiario, sino en el aumento sostenido de la productividad. Ello requiere (dentro de otros instrumentos) de un sistema financiero más profundo orientado a la producción y al financiamiento de la inversión. La presidenta Cristina Fernández de Kirchner nos dejó conceptos sumamente importantes sobre el rol de los bancos y la etapa del ciclo económico que viene. El sistema financiero debe ser una palanca o instrumento al servicio de la economía real. Cuando nos encerramos en lógicas que solo persiguen la valorización financiera como fin en si mismo, cuando vemos que lo financiero desplaza al trabajo y la producción, en lugar de ciudadanos dignos tenemos cada vez más indignados. Adicionalmente hay que emprender cambios que requieren sintonía fina y mayor coordinación público-privada. Quiere decir ajustar mucho más la gestión a las necesidades y a los requerimientos de esta época. Estado y actores del sector público que estén presentes, no como contrapeso de los privados, sino como real empuje a lo que se requiere en este momento. Profundizaremos el trabajo con el conjunto de los protagonistas del sector financiero nacional (Banco de la Nación, BICE, y otras áreas que articulan financiamiento)para apoyar desde el plano financiero y crediticio las políticas de crecimiento e inclusión social del Gobierno Nacional. La provincia de Buenos Aires es sinónimo de actividad productiva, con su interior traccionado por la actividad agropecuaria y el conurbano impulsado por la actividad industrial. Nuestra política crediticia tendrá foco en apoyar la generación de más valor agregado, con más y mejores puestos de trabajo. En esta etapa de sintonía fina, los bancos tenemos mucha responsabilidad. Nuestro enfoque y gestión priorizará el financiamiento de proyectos de inversión y capital de trabajo de pymes que promuevan la industrialización, el valor agregado en origen (cadenas agroalimenticias), la generación de empleo y el ingreso de divisas. Estamos seguros de que éste es el camino, desde el sector financiero, para ayudar a lograr una estructura productiva más homogénea que favorezca el equilibrio territorial, la igualdad de oportunidades y una mayor cohesión social.
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Con profundo orgullo y responsabilidad nos toca conducir los destinos del Banco Provincia en los próximos cuatro años. La orientación de nuestra gestión no es otra que la profundización del cambio enmarcado por las líneas de acción que el gobernador Scioli nos trazó a fines de 2007. Hacer del banco un instrumento financiero y crediticio clave que enfoque su potencialidad y gestión hacia la producción y empleo de las pymes, proveyendo también servicios financieros eficientes a todas las familias bonaerenses.
En los primeros cuatro años de gestión (2008-2011) colocamos más de 40.000 millones de pesos en nuevos créditos (potenciando la industria, el campo, el comercio y servicios), otorgamos más de un millón de créditos personales, bancarizamos a los sectores más postergados con un millón de tarjetas sociales, ampliamos el concepto de banca inclusiva otorgando 22.000 microcréditos para emprendedores desplazados del circuito crediticio formal. Apoyamos a los municipios financiando obras de infraestructura y volvimos a estar presentes en el mercado de crédito hipotecario con más de 3.500 operaciones sólo en 2011.
Nuestro volumen de operaciones, nuestra base de clientes que supera los 2,5 millones de personas y la red de servicios con más de 400 sucursales y 1.500 cajeros automáticos, nos convierte en el primer banco en la provincia de Buenos Aires y segundo del país. Esto nos posiciona como un banco público masivo, líder en el sistema financiero y con la responsabilidad de generar alto impacto social en nuestra gestión financiera y comercial.
Recientemente, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, en su mensaje de asunción ante la Asamblea Legislativa, dejó un concepto muy claro sobre el rol de los bancos. Nunca pueden ser el centro o el fundamento de una economía (donde lo financiero predomine sobre la real), sino un instrumento o palanca de financiamiento «al servicio» de la economía real, de la producción de bienes y servicios en una sociedad.
Muchos países del mundo desarrollado sufren en la actualidad las consecuencias de una financiarización desmesurada (la primacía del capital financiero por sobre el productivo y comercial) gestada décadas atrás. Vemos que cuando esto sucede lo financiero desplaza al trabajo y la producción, y en lugar de ciudadanos dignos tenemos cada vez más indignados.
Como representantes de la banca pública debemos estar más que nadie en sintonía con las demandas de la producción y el empleo. Con inteligencia y eficiencia nuestra gestión redoblará los esfuerzos para ser un actor protagónico en el fomento del desarrollo económico, ejerciendo un papel indispensable en cuanto a banca testigo, impulsando la fijación de precios y tasas de interés en niveles competitivos para que el sector privado acceda al financiamiento.
Tendremos la mayor vocación para trabajar junto al resto de los protagonistas del sector financiero nacional (Banco de la Nación, BICE, y otras áreas que articulan financiamiento), para apoyar desde el plano financiero y crediticio las políticas de crecimiento e inclusión social del Gobierno nacional. Pondremos el mejor empeño y todos nuestros recursos para maximizar las oportunidades que se nos den para hacer llegar soluciones concretas a la gente.
Es muy importante que todos juntos cuidemos lo alcanzado en estos ocho años, y somos conscientes de que entramos en una etapa en la que el gran desafío para consolidar un marco de crecimiento económico sostenido es la competitividad. Un salto de competitividad que no descanse sólo en el factor cambiario, sino en el aumento sostenido de la productividad, requiere (dentro de otros instrumentos) un sistema financiero más profundo, orientado a la producción y al financiamiento de la inversión.
Muchas ramas de la industria, de gran peso en nuestra provincia, operan al límite de capacidad instalada, y necesitan nuevas inversiones para ampliar la oferta de bienes y producir sustituyendo componentes y bienes importados. Resulta más eficiente que el salto inversor descanse más en el acceso al crédito y menos en la disponibilidad de recursos propios de las firmas (que se buscan presionando al alza la rentabilidad como vía sustitutiva del acceso al financiamiento).
En esta etapa de sintonía fina los bancos tenemos mucha responsabilidad. Nuestro enfoque y gestión crediticia priorizará el financiamiento de proyectos de inversión y capital de trabajo de pymes que promuevan la industrialización, el valor agregado en origen (cadenas agroalimentarias), la generación de empleo y el ingreso de divisas.
Estamos seguros de que éste es el camino, desde el sector financiero, para ayudar a lograr una estructura productiva más homogénea que favorezca el equilibrio territorial, la igualdad de oportunidades y una mayor cohesión social.
(*) Presidente del Banco de la Provincia de Buenos Aires
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Argentina se encamina a tener una década de crecimiento económico con equilibrios virtuosos, donde se destaca la ausencia de restricción externa y la existencia de ahorro propio para no depender del endeudamiento externo a la hora de financiar el crecimiento. El compromiso del Gobierno nacional con políticas que alientan la demanda y el mercado interno, junto con la atractiva rentabilidad en muchos sectores, conforma una plataforma positiva para tener un sendero de inversión robusto. Aun con una inversión elevada que ronda el 23% del PBI, siendo a su vez el motor más dinámico del crecimiento actual, existen situaciones heterogéneas en cuanto a las necesidades de expansión de la capacidad productiva. Especialmente en la industria manufacturera, de gran peso en la provincia de Buenos Aires, que aloja la mitad del producto industrial nacional. El nivel de demanda creciente (gracias a una política de ingresos vigorosa) y buenas perspectivas de demanda externa (especialmente en agroalimentos) exigen seguir invirtiendo y aumentando la productividad. Aquí aparece la necesidad de seguir reforzando la interrelación entre el canal de lo productivo y lo financiero. Muchas industrias ya no pueden costear sus proyectos de inversión sobre la base del propio flujo de fondos, y requieren recostarse más en el financiamiento bancario. Afortunadamente este vínculo, si bien con mucho espacio para mejorar, muestra datos alentadores. Por primera vez en mucho tiempo el crédito al sector productivo para empresas (+50%) crece más que el destinado a consumo (+46%). Hace trece meses que se consolida esta tendencia en un contexto de muy baja morosidad, lo que alienta a pensar que los esfuerzos y las políticas activas desde lo crediticio están dando sus frutos. Entre los sectores económicos sobresale el dinamismo del crédito a la industria, seguido por servicios y producción primaria. Y las líneas que más crecen son para exportaciones, capital de trabajo e inversión y leasing para reequipamiento de bienes de capital. Las políticas activas de la Nación implementando nuevos instrumentos (créditos del Bicentenario, programa de estímulo a las pymes que otorga subsidio de tasa, entre otros), junto con el esfuerzo coordinado con el nivel provincial, que articula financiamiento con su banca pública, como es el caso de la provincia de Buenos Aires y el Banco Provincia, resultan protagonistas en este impulso del financiamiento para el crecimiento especialmente de las pymes. El compromiso con este camino es ineludible. De hecho, el Banco Provincia está liderando el incremento del crédito a empresas ya que aumenta el 55% contra el 48% de los bancos privados. Así nuestro Banco Provincia, asumiendo plenamente los objetivos que nos señalara el gobernador Scioli desde el primer día de su gestión, refuerza su compromiso con el financiamiento de la producción e inversión. Este año estamos más que duplicando la cartera que destinamos a las pymes. Vamos camino a colocar alrededor de $ 14 mil millones en nuevos créditos a las empresas durante 2011, que se compara favorablemente con los $ 7.500 millones colocados el año anterior. Desde la banca pública debemos seguir mejorando nuestra estructura de fondeo para apalancar en mejores condiciones el crédito productivo. Pero somos optimistas respecto del fortalecimiento del vínculo entre financiamiento y actividad económica, para que la banca esté al servicio de la producción y el empleo. Existe una situación de mutua complementación: los bancos tienen mucho margen para crecer en su exposición al sector privado (hoy el crédito a empresas sólo ronda el 7% del PBI), están líquidos y con carteras sanas y, por su parte, las empresas tienen muy bajos niveles de endeudamiento con el sistema financiero y a su vez tienen proyectos rentables para expandir la capacidad de producción. El aliento a la inversión en la etapa actual del ciclo de crecimiento resulta crucial en dos aspectos. Desde lo social, permite seguir reduciendo la vulnerabilidad, mejorando la inclusión con más empleo de mejor calidad. También ampliando la oferta de bienes y servicios con más producción se quita presión sobre los precios, especialmente en el sector transable, y por ende se protege el poder de compra de los trabajadores. Finalmente, desde el punto de vista de la fortaleza macroeconómica, la inversión que se orienta a diversificar la estructura productiva, ampliando la canasta exportadora (especialmente en las MOI) y sustituyendo importaciones, permite alejar la restricción externa. Esto, sin lugar a dudas, nos pone en inmejorables condiciones para encarar con optimismo la segunda etapa del cambio que estamos iniciando en la provincia de Buenos Aires.
*Vicepresidente del Banco Provincia.
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La evolución de la crisis global, que muestra movimientos zigzagueantes en el plano financiero, parece ya no dejar dudas respecto del rumbo de estancamiento o recesión en las economías centrales (Europa, Estados Unidos y Japón). Eso pone de relieve el contagio por el canal real hacia los países emergentes bajo la forma de menor demanda mundial por nuestros productos. Con evidente falta de coordinación institucional y de liderazgo político en el Primer Mundo, crece también el temor por los efectos del proteccionismo y la guerra de monedas. Muchos países, asustados por la ausencia de mecanismos cooperativos, buscan incentivar la demanda efectiva en sus mercados y proteger el mercado laboral dejando depreciar sus monedas. El resultado es un mayor incentivo para seguir alimentando esta carrera entre las monedas y un aumento de la descoordinación en la economía internacional. La repercusión de esta coyuntura sobre nuestro país realza el debate respecto de la evolución de nuestra competitividad y del ritmo del comercio exterior (especialmente el rumbo de las exportaciones de manufacturas de origen industrial). Si bien resultaría imprudente afirmar que la Argentina permanecerá ajena a los impactos negativos de estas turbulencias globales y regionales, es oportuno poner en valor "algunas certezas" que tenemos gracias a la construcción colectiva que impulsa el Gobierno junto con los sectores productivos y del trabajo. Afortunadamente, hoy está en el centro del debate ideológico la necesidad de la reindustrialización y el cambio estructural en el aparato productivo, algo que -vale recordar- se resignó en décadas pasadas en manos de sectores y gobiernos que promovían privatizaciones, achicamiento del Estado y apertura irrestricta al capital financiero internacional. El desendeudamiento público y privado, junto con la política monetaria y cambiaria de prudencia y acumulación de reservas internacionales, nos ha permitido aislarnos del canal de contagio financiero (que actualmente vapulea a las economías desarrolladas sobreendeudadas). Mientras que el liderazgo político desde 2003 ha alentado un proyecto productivo, con inversión y consumo, que vigoriza el mercado interno sobre la base de más trabajo y mayor salario en nuestra sociedad. Por eso, nuestra producción industrial sigue creciendo a muy buen ritmo (por encima del 8% anual), mientras que en nuestra canasta de exportaciones ganan peso las ventas de MOI (manufacturas de origen industrial), cediendo participación los productos primarios (tendencia opuesta a la reprimarización de exportaciones que se da en toda la región). También el empleo industrial mantiene un crecimiento del 3% en la comparación interanual. Existen otras "certezas" que tienen que ver con las respuestas de la política frente a la crisis de 2009. Con este aprendizaje, hoy las empresas y trabajadores saben que ante una agudización de las turbulencias actuales (que aún son mucho menos nocivas que dos años atrás) las respuestas serán a favor de instrumentos contracíclicos que fortalezcan y preserven la demanda local y la capacidad de consumo de los sectores más vulnerables. Justamente, la previsibilidad del apoyo a la demanda efectiva es lo que mantiene dinámica la inversión y el consumo, y por ende, un mercado de trabajo robusto con cifras muy bajas de desempleo (situadas en mínimos históricos). Lo mismo puede decirse de la vocación actual por preservar los puestos de trabajo de calidad que brinda la industria, poniendo a su favor instrumentos de política comercial en sectores sensibles (como cupos y licencias no automáticas) y de política financiera (créditos subsidiados). Por primera vez en muchas décadas logramos mantener casi nueve años de crecimiento económico sin caer en episodios de estrangulamiento externo por la aparición de déficit comercial y de cuenta corriente. Esto es, logramos crecer sin depender del volátil financiamiento externo. Y fue posible gracias a un tipo de cambio competitivo, muy buenos términos de intercambio, fuerte demanda de nuestros productos y fundamentalmente el apuntalamiento del mercado interno con estímulos a la demanda. Tenemos el desafío de responder en un mundo turbulento y cambiante planteándonos nuevos objetivos en el camino de la industrialización y el desarrollo. Descansar sólo en un tipo de cambio competitivo no resulta suficiente para lograr avances estructurales en el proceso de sustitución de importaciones. Se requiere avanzar en una agenda de competitividad sistémica trabajando al interior de cada cadena de valor para superar restricciones, aumentar la productividad e integrar eslabones para que el aumento de la demanda se pueda atender con mayor producción y mano de obra local, reemplazando el componente de bienes importados. Esto es especialmente necesario en bienes intermedios, de capital, piezas y partes (con elevado contenido tecnológico). Con ello además se ahorrarán divisas y se fortalecerán la demanda doméstica y el empleo calificado. El lanzamiento reciente del Plan Estratégico Industrial 2020, con objetivos y políticas concretas en once cadenas predominantes en la estructura industrial, resulta una respuesta estratégica para promover más inversión, más puestos de trabajo y sustituir 45% de las compras al exterior en los próximos años. Al ser el 50% del tejido industrial del país, al generar un 48% del sector autopartistas, un 60% del metalmecánico y con un protagonismo excluyente en el sector de agroalimentos, la provincia de Buenos Aires tiene la obligación de acompañar con instrumentos y políticas complementarias (de orden provincial y municipal) este impulso estratégico y el compromiso de la Nación con el desarrollo. El enfoque del gobernador Scioli para contribuir con una estructura productiva más homogénea, que favorezca el equilibrio territorial y la cohesión social, se basa en la regionalización de la provincia de Buenos Aires. Con infraestructura, educación de calidad e instrumentos para el desarrollo productivo, pretendemos complementar las ventajas naturales de nuestro sector agrícola con innovación tecnológica y valor agregado. Industrializar el campo no es otra cosa que sembrar de oportunidades y mayor igualdad el interior del territorio provincial. En tanto, el desafío para las regiones más industriales del Gran Buenos Aires radica en favorecer la productividad y sustitución de importaciones en muchos sectores pymes que son fuertes demandantes de empleo. Promover la industrialización de manera armónica con el crecimiento de sectores de servicios, la banca, el turismo y la construcción es un objetivo fundamental de nuestras políticas. Con esta visión y un Estado social activo cerca de las necesidades de la población, aspiramos a lograr una distribución equilibrada, de la mano de mayores oportunidades para todos ciudadanos de la provincia.
El autor es vicepresidente del Banco Provincia
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Como primer banco de Hispanoamérica, fuimos protagonistas y pioneros en el desarrollo del financiamiento hipotecario, emitiendo créditos y cédulas hipotecarias desde mediados dei siglo XIX. Todo este tiempo vivido hasta el presente nos convierte en una institución de enorme experiencia, profundas raíces e identificación con las necesidades y oportunidadesde todos losbonaerenses. Nuestra misión es respetar este comprom ¡so, acompañar a la gente en sus emprendimientos y responder a losdesafíos cambiantes de¡ desarrollo.
Para continuar por este sendero, hoy Argentina es un país sólido que revalorizó el aspecto real de la economía por sobre el financiero. A partir de aquí podemos proyectar y planificar estratégicamente el futuro. En la visión del Gobernador Daniel Scioli, nuestro banco debe ser un actor central en el desarrollo, siendo un instrumento crediticio que apoye la articulación entre producción, educación e infraestructura y vivienda.
Reconocemos que acceder a una vivienda digna es mucho más que un techo propio. Junto con el trabajo son grandes ordenadores sociales, que se transforman en los pilares para la inclusión social, la ecuación y la salud.
Por ello hemos fortalecido nuestro compromiso con el crédito hipotecario. Vamos camino a prestar $ 1.000 millones antes que termine este año. Nuestras condiciones (en acceso, tasa de interés y plazo) son de las más competitivas del mercado financiero. El crédito hipotecario más accesible promueve inclusión e igualdad social, ya que el déficit habitacional afecta en mayor medida a los estratos más bajos de ingresos (los cuales sin ayuda y sin financiamiento les resulta sumamente difícil acceder a una vivienda).
Pero también debemos contribuir adescomprimirzonasdensamentepobladas favoreciendo la descentralización y el equilibrio territorial en Buenos Aires. Para ello se requiere alen tarmás inversiones, nuevos perfiles la, borales y oportunidades de trabajos atractivos para promover el desarrollo productivo del interior.
Hemos implementado una línea adicional de préstamos por otros $ 1.000 millones para el arraigo de familias en el interior de Buenos Aires. Nuestro objetivo es que la gente de las ciudades y pueblos con me, nos de 100.000 habitantes pueda afianzarse en el lugar donde nació y alentar a muchos otros a trasladarse al interior al crear nuevas oportunidadeshabitacionales. 101 partidos ya están incluidos en esta iniciativa que tiene una tasa de interés bajîsima gracias a estar subsidiada por el Ministerio de Economía provincial.
Detrás de la felicidad de poder materializar el esfuerzo y el trabajo diario en un hogar, está el respaldo de un Estado presente y dinámico que conoce las necesidades de su gente, y un Banco con la experiencia y la fortaleza necesarias para ser el instrumento activo del cambio. Sigamos trabajando juntos, uniendo energías y esperanzas porque cl sueño de una vivienda propia está un paso más cerca de convertirse en realidad.
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Los hombres necesitamos héroes -escribió Carlyle- figuras icónicas que representen lo mejor de nuestras sociedades. Buscamos inspirarnos en sus actos y reflejar en ellos los valores más preciados que tenemos.
Tan importantes resultan que, si no llegamos a poseerlos, los construimos. Exageramos hazañas, convertimos vidas apenas sobresalientes en mitos idealizados y transformamos pequeñas guerras en gestas heroicas. El azar lo confundimos con estrategia y a la ambición de poder desmedida la transformamos en altruismo patrio.
Pero hay casos que sorprenden hasta a los más escépticos. Vidas entregadas a una causa sincera, llenas de convencimiento y correlación entre lo pensado y lo hecho. Hombres cuyos actos, nobleza y desinterés no necesitan ser magnificados ni purificados. San Martín es una de esas anomalías en donde la persona y la leyenda se funden en una misma realidad.
Por eso su figura escala aún hoy en nuestras preferencias nacionales. La fe en el "santo de la espada" prevalece sobre la "mano de Dios" en las encuestas que miden el rating de la argentinidad. Merecido reconocimiento a Don José, que tuvo claro el horizonte trascendente al que dirigía sus acciones. Desde el momento en que volvió a pisar Buenos Aires, 29 años después de su partida, sólo dejó que una visión marcara el ritmo de sus actos: "Seamos libres, lo demás no importa nada". El militar que había combatido en Europa y África se convertía en un brillante revolucionario americano. El cruce de los Andes se desprende de nuestro imaginario como la más grande de sus hazañas, cuando tal vez las acciones que lo precedieron realcen aún más la espectacularidad de su empuje y determinación.
En un estado latente de anarquía y guerra, administró una provincia para ponerla al servicio de un ejército que debió construir desde sus cimientos. Aquí no hubo un plan coordinado y articulado por una jefatura revolucionaria poderosa y centralizada. Sólo fue la capacidad del Libertador para pensar y planear a gran escala, abstrayéndose de rencillas internas y disputas de poder erosionantes, la que hizo posible la lucha por la independencia continental.
El panorama interno en el que debía navegar lo llevaba a pensar, con una lamentable precisión, que el verdadero reto comenzaría el día en que el último "godo" hubiera dejado América y la furia de las armas explotara entre hermanos.
Estando en Chile, mientras preparaba la invasión del Perú, recibió la orden de Buenos Aires de llevar su ejército a Santa Fe para apaciguar a Estanislao López. Desobedeciendo la disposición y sin moverse de tierras trasandinas, le escribió a Artigas, aliado del cuadillo litoral: "Cada gota de sangre americana que se vierte por nuestros disgustos me llega al corazón."
Años después, cuando la historia ya había recibido la entrevista con Bolívar en Guayaquil como uno de sus grandes misterios y el Perú despedía a su Protector con la amargura que sólo un trabajo incompleto puede generar, San Martín partía al exilio reflexionando que América únicamente podría ser gobernada por medio de un "brazo hachero". Allí ya no había lugar para él.
"Nos echarán de menos antes de que pase mucho tiempo" le dijo a O`Higgins, entremezclando decepción con tristeza. Tratar de transmitir lo que éste hombre significó e hizo por todos nosotros es un ejercicio difícil. Poco se puede agregar a la monumental biografía de Bartolomé Mitre, que sintetiza en su título al héroe y su obra: Historia de San Martín y de la emancipación Sudamericana. Quizás solo nos reste añadir que su abnegada determinación por nuestra libertad merece un rato de nuestro fin de semana largo para ser debidamente recordada y agradecida..
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